sábado, 12 de octubre de 2013

Debate sobre los héroes nacionales.

HOMENAJES, CELEBRACIONES, MIGUEL GRAU Y ALDO MARIÁTEGUI


Rodolfo Sánchez Aizcorve
En estos días ha habido una polémica en torno a Grau y el 8 de octubre a raíz de la columna de Aldo Mariátegui titulada “Psicología derrotista”. Para comenzar, comparto con muchos de los que han opinado en estos días en el sentido de que Aldo Mariátegui ha confundido “celebración” con “homenaje”, que es lo que realmente se realiza todos los 8 de octubre en honor al almirante Miguel Grau. Las derrotas como tales no se celebran, y el propio Mariátegui, sin darse cuenta, nos da la pista cuando al referirse a Bolognesi dice que “nadie niega la inmensa grandeza de Bolognesi en Arica, pero fue un incidente bélico muy menor…”; precisamente, porque no es la batalla en sí lo que importa, sino la disposición tanto de Grau como de Bolognesi de luchar hasta el sacrificio personal aun a sabiendas de que las fuerzas enemigas eran superiores en todo sentido; eso es lo relevante, y los homenajes pretenden recordarnos que hubo peruanos que dieron la vida luchando por su patria, aunque sea difícil creerlo en la actualidad.
El propio Manuel Gonzalez Prada, poco después de la guerra y con la amargura de la derrota encima, sacó una lección optimista del sacrificio de Grau y Bolognesi: “En el grotesco y sombrío drama de la derrota, surgieron de cuando en cuando figuras luminosas y simpáticas. La guerra, con todos sus males, nos hizo el bien de probar que todavía sabemos engendrar hombres de temple viril.”
También cabe resaltar lo que Jorge Basadre escribe en su efigie a Bolognesi (lo que se aplica a Grau por igual): “Bolognesi y los suyos probaron que ni los ejércitos ni los pueblos ni los hombres deben fijarse exclusivamente en la utilidad inmediata o en las consecuencias visibles de sus grandes decisiones. El que muere donde debe, vence y sirve. ..Al inmolarse, le dieron al Perú algo más importante que una lección de estrategia: le dieron símbolos nacionales, aliento misterioso para el alma colectiva”.
De allí la importancia de los homenajes a Grau y Bolognesi. Sin embargo de lo dicho, o quizás por lo mismo, hay que reconocer lo que sostiene el propio Basadre: el daño más profundo y duradero que nos dejó la derrota en la guerra con Chile no fue material, sino sobre todo, moral, es decir, un duro golpe a la autoestima del país que se prolonga hasta la actualidad.
En ese sentido, pero sin entrar en una competencia de héroes como sugiere Aldo Mariátegui, sí creo que tiene razón en que se debería resaltar más la figura de un héroe civil como José Gálvez, que también entregó su vida por la patria; y creo que deberíamos darle mayor importancia a la victoria del 2 de mayo de 1866, que selló nuestra independencia de España; esa fecha sí la podemos celebrar y serviría de mucho como “aliento misterioso para el alma colectiva”.
Se puede plantear dos hipótesis para explicar, por lo menos en parte, la falta de notoriedad de José Gálvez en el martirologio nacional: la primera es que en el Perú las fuerzas armadas han tenido casi siempre un fuerte protagonismo político, y Gálvez era un liberal antimilitarista; y la segunda es que, con respecto a Grau y Bolognesi, puede haber una suerte de histórica culpa subconsciente de nuestra “clase” política (militares y civiles) porque con sus mezquindades, su incapacidad o su falta de previsión ocasionaron sacrificios que, en retrospectiva, no tendrían que haberse producido.
Pero no quiero terminar sin citar nuevamente a González Prada, quien con las siguientes palabras rinde uno de los mejores homenajes a la grandeza de Grau: “Humano hasta el exceso, practicaba generosidades que en el fragor de la guerra concluían por sublevar nuestra cólera. Hoy mismo, al recordar la saña implacable del chileno vencedor, deploramos la exagerada clemencia de Grau en la noche de Iquique. Para comprenderle y disculparle, se necesita realizar un esfuerzo, acallar las punzadas de la herida entreabierta, ver los acontecimientos desde mayor altura. Entonces se reconoce que no merecen llamarse grandes los tigres que matan por matar o hieren por herir, sino los hombres que hasta en el vértigo de la lucha saben economizar vidas y ahorrar dolores”.
Fuente: Diario 16. 12 de octubre del 2013.

martes, 8 de octubre de 2013

Sobre héroes peruanos en la victoria o la derrota.

José Gálvez, héroe durante el conflicto con España (1866)

Psicología derrotista

Curioso país es el nuestro, que celebra al máximo héroes derrotados y batallas perdidas. Nuestro paladín nacional debería ser José Gálvez, un republicano civil liberal que derrotó a los españoles en el Callao a costa de su vida. O el Mariscal Ureta, quien venció a Ecuador en 1941, en lo que constituye nuestra única victoria militar en una guerra internacional.

Aldo Mariátegui,Ensayos impopulares
amariategui@peru21.com
O Andrés Razuri, quien determinó el vital triunfo en Junín, que posibilitó el magnífico resultado posterior en Ayacucho. O el Mariscal Benavides contra los colombianos en La Pedrera.
Nadie niega la inmensa grandeza de Bolognesi en Arica, pero fue un incidente bélico muy menor, un mero trámite para cerrar la pinza Tacna/Tarapacá y que los chilenos consoliden la conquista de nuestro sur extremo tras la total destrucción del ejército regular peruano en el Alto de la Alianza y en la campaña de Tarapacá (es más, la paz debió firmarse tras Arica y ahorrarnos varios años más de destrozos. Ya no había nada más que hacer en esa guerra sin tener ya flota ni ejército). Arica duró lo poco que los chilenos tardaron en trepar el morro –y no hubo por parte de nosotros una victoria increíble–, y con todo en contra, tipo Azincourt (15 mil ingleses contra 40 mil franceses) o los griegos en Maratón, ganaron.
Fue una derrota y creo que una derrota no debe celebrarse. Lo mismo pienso de Angamos: Grau cayó en una celada chilena, no pudo escapar (porque no debió salir del Callao sin limpiar sus fondos, lo que le restaba pique a ese pequeño y obsoleto barquito que era El Huáscar. Perdió como la cuarta parte de su velocidad y, por eso, no pudo huir como su acompañante La Unión) y fue masacrado fulminantemente, en un virtual tiro al blanco. Otra derrota.
Fuente: Diario Perú 21. 08 de octubre del 2013.

domingo, 28 de julio de 2013

Nacionalismo y patriotismo frente al pesimismo y cinismo individualista.

Bolognesi en Arica

Por: Martín Tanaka (Politólogo)
Hoy 28 de julio resulta oportuno recordar la obra de teatro Bolognesi en Arica, de Alonso Alegría, que estuvo en escena en Lima hace unas semanas.
Es fácil caer en la actualidad en una actitud pesimista o cínica respecto al futuro del Perú, y optar por el puro individualismo y el desapego frente a cualquier apelación a la solidaridad o a la identidad colectiva. A vivir en el presente, desinteresados por una historia que no sentimos como nuestra, o que creemos conocer, y que pensamos como una simple suma de frustraciones, derrotas, traiciones.
En Bolognesi en Arica, una estudiante escéptica se enfrenta a una clase de historia sobre los acontecimientos de junio de 1880. La profesora evita caer en una inútil lección de patriotismo, y simplemente relata los hechos. Ellos nos hablan, como espera la estudiante, de una guerra en la caímos por la irresponsabilidad y el triunfalismo de nuestra elite política. Llegamos a junio de 1880 después de perder la campaña marítima, en la que nuestro barco más importante, el Independencia, encalló por la inexperiencia e indisciplina de su tripulación; de que el presidente Prado viajara irresponsablemente fuera del país para intentar comprar armamento, situación que produjo un golpe de Estado que llevó a Piérola al poder, cuyo liderazgo estuvo marcado por la ineficacia y las disputas internas; y después de perder el control y gran parte de nuestro ejército en Tarapacá y Tacna. Así, la resistencia de Arica se percibe como inútil, encabezada por un oficial viejo que sacrifica a sus tropas, compuestas además no tanto por soldados profesionales, sino por ciudadanos armados, reclutados improvisadamente.
En la obra la estudiante va descubriendo poco a poco lo que sabemos, pero que ya casi habíamos olvidado: que Bolognesi, siendo un oficial retirado, se enroló y peleó en San Francisco y Tarapacá; que sus hijos siguieron su ejemplo, y dos de ellos murieron en la defensa de Lima. Que no quiso tomar solo la decisión de defender Arica, que ella resultó de la decisión unánime de una junta de jefes, en donde estuvieron Juan Guillermo More, el comandante del Independencia, que intentaba resarcir el error cometido en Iquique; el comandante argentino Roque Sáenz Peña, motivado por la solidaridad latinoamericana, quien luego sería presidente de su país; Ramón Zavala y Alfonso Ugarte, ricos industriales salitreros, entre otros. Este último, al estallar la guerra, canceló un viaje a Europa, aplazó su matrimonio, hizo su testamento, se enlistó y formó un batallón con sus propios recursos, y luchó en San Francisco y Tarapacá, donde fue herido. Pudiendo viajar a Arequipa para atenderse, decidió quedarse en Arica.
Los defensores de Arica rechazaron una rendición honrosa ofrecida por el enemigo, y decidieron morir en combate para dejarnos a todos los peruanos una lección de dignidad, disciplina, sacrificio y amor a la patria, un referente moral para orientarnos cuando perdamos el camino. Haríamos bien hoy en recordarlos.
Fuente: Diario La República. 28 de julio del 2013.

viernes, 24 de febrero de 2012

La Historia concebida como "sucesión de episodios traumáticos y de esperanzas frustradas”. La falsa idea crítica del Perú.

La historia y la identidad peruana

Por: Martín Tanaka (Politólogo)

La semana pasada participé en un seminario con docentes en el que discutimos sobre las miradas del país que transmite nuestra escuela pública, y vimos que aún ahora se halla relativamente vigente lo que Gonzalo Portocarrero y Patricia Oliart llamaron en 1986 “la idea crítica del Perú”, en la que la historia del país aparece como una sucesión de “episodios traumáticos y de esperanzas frustradas”. El Imperio Incaico, nuestra “mejor época” fue destruido por un puñado de invasores. La Colonia está marcada por el abuso, y el fracaso de Túpac Amaru impidió que esto cambiara, de allí que la Independencia no tuviera mayor significación y fuera traída “desde afuera” por San Martín y Bolívar. En el siglo XIX vivimos “a la deriva”, y por eso fuimos derrotados en la Guerra del Pacífico. Finalmente, en el siglo XX, diversos intentos reformistas fueron derrotados por la oligarquía.

El Perú sería un país inmensamente rico, y si el pueblo es pobre es porque la riqueza es apropiada por potencias extranjeras, gobernantes y élites corruptas y egoístas. La enseñanza de la historia debería mantener vivo este recuento de agravios para fundamentar una futura liberación, que requeriría necesariamente de cambios muy radicales. No debería sorprendernos la vigencia de estas ideas en la escuela y en nuestra cultura política; hace unas semanas comentaba un artículo de Sinesio López en el cual, a grandes rasgos, se basaba en este tipo de lectura (“La captura de Ollanta”, LR, 29/1/12).

De cara a la conmemoración o celebración del bicentenario de nuestra Independencia, urge un gran debate nacional en torno, primero, a la veracidad histórica de esta visión y, segundo, si es que esta es la visión de nuestra historia a partir de la cual queremos construir nuestro futuro como país. Respecto a lo primero, habría que decir que el mundo prehispánico fue admirable pero despótico, y se derrumbó por sus contradicciones internas, como han señalado María Rostworowski y otros. Nuestro orden colonial está marcado por el mestizaje y la asimilación local de los elementos provenientes de Occidente, donde, si bien fue estamental, en él pudo desarrollarse una elite indígena. Habría que leer más a Juan Carlos Estenssoro y otros.

Sobre la Independencia habría que leer más a Scarlett O’Phelan, quien rescata una larga historia de sublevaciones mestizas y criollas en nuestro territorio. Sobre el siglo XIX y la formación del Estado nacional habría que leer a Cristóbal Aljovín, Gabriela Chiaramonti o Cecilia Méndez, por ejemplo, quienes muestran complejas articulaciones políticas entre elites y sectores populares. Más adelante perdimos la Guerra con Chile pero, como muestra Carmen McEvoy, sería un error asumir el discurso del triunfador, según el cual ellos ganaron por ser “superiores” y nosotros “inferiores”. Finalmente, ya en el siglo XX, el propio Sinesio López ha planteado la visión de un Estado que va democratizándose progresivamente a partir de “incursiones de los de abajo”.

Sobre estas bases podríamos abordar mejor el segundo desafío. No deberíamos entender la historia como el remoto e inescapable origen de los males que, inalterados, sufrimos en el presente, sino como un escenario complejo y cambiante siempre abierto a diversos desenlaces, donde no hay oposiciones binarias ni determinismos ni esencias inevitables, de modo que el cambio está disponible para todos en el futuro y no pasa por fórmulas simplistas.

Fuente: Diario La República (Perú). Domingo, 19 de febrero de 2012.

lunes, 13 de febrero de 2012

Enseñanza del Tiempo Histórico en las aulas.

Didáctica del Tiempo Histórico

Eddy Romero Meza

Hola nuevamente, hoy quisiera abordar brevemente el denominado “tiempo histórico”. Concepto (o metaconcepto) esencial para entender y enseñar historia. Si la base de la geografía es el estudio del espacio (geográfico), en la historia es el estudio del tiempo (histórico). Este es un tiempo distinto al tiempo cronológico. Pues mientras el tiempo cronológico “mide”, el tiempo histórico “explica”. Por lo mismo es un tiempo menos objetivo, pues está sujeto a la interpretación de los estudiosos (historiadores u otros). Es un tiempo más complejo y rico por ello mismo. Gracias a este podemos explicar mediante categorías el desarrollo histórico de las sociedades. Así por ejemplo para una didáctica de la historia que se precie de tal, es imperativo el empleo eficaz de categorías como la de “cambio” y “continuidad”. De estas se derivan otras categorías básicas como: duración, permanencia, ritmo, sucesión, simultaneidad, etc. De esta manera la enseñanza de la historia está caracterizada por un “tiempo diacrónico” y un “tiempo sincrónico”. El tiempo histórico, tiene como base el tiempo cronológico, pues todo aprendizaje en este campo de estudio se enmarca en un espacio temporal determinado (año, lustro, década, siglo, milenio). De la unión del tiempo cronológico y el tiempo histórico, obtenemos por ejemplo las periodificaciones, pues son interpretaciones históricas (teorizaciones) enmarcada en el tiempo cronológico de una sociedad determinada (en nuestro caso la Era cristiana).

La apropiación completa de estas categorías temporales por los estudiantes, es un proceso complejo. De hecho psicológicamente requiere de un estadio de pensamiento abstracto formal (Piaget). Sin embargo, una temprana aproximación a estas, facilitara un aprendizaje más significativo de la ciencia histórica (no relato histórico). Por ello es recomendable que los estudiantes desarrollen habilidades en el uso de líneas de tiempo, frisos cronológicos o cuadros cronológicos.

Te recomiendo el libro que aparece arriba para profundizar este importante tema en la didáctica de la historia.

Enlaces recomendados:

Concepto de Tiempo Cronológico

Concepto de Tiempo Histórico

Herramientas para hacer líneas de tiempo

Documentales de historia en clase. Historia de los virreyes del Perú.


Documental para clase historia de colonial. Consejos didácticos.

Eddy Romero Meza


Uno de los programas de historia peruana más divertidos e interesantes es sin duda “A la vuelta de la esquina”, conducido por el actor Gonzalo Torres. El programa se especializa en historia de Lima, pero también desarrolla historia general, como este video dedicado a hacer un breve repaso por la historia de los virreyes del Perú. Como saben es importante plantear al final del documental, algunas preguntas que lleven a profundizar los conocimientos sobre el tema. Estas preguntas pueden ser la base para luego proponerse en otra sesión de aprendizaje, la elaboración de un mapa conceptual, una línea de tiempo o una infografía.
Aquí les sugiero algunas preguntas para su clase sobre los virreyes del Perú.
Preguntas para investigar:
¿Cómo se nombraba un virrey en España y porque se hacia un juicio de residencia al final de su gobierno?
¿Qué funciones cumplía el virrey en las colonias?
¿Cuántos virreyes tuvo el Perú y quiénes son los más recordados?
¿Quién fue considerada la única virreina del Perú y que acciones desarrollo?
¿Por qué se habla de hasta tres posibles últimos virreyes en el Perú?

Modelo de ABP en historia.

El periodo de la Colonia a través del ABP

Eddy Romero Meza

Hola colegas, esta vez quisiera hablar brevemente acerca del ABP o Aprendizaje Basado en Problemas. Este método comenzó a utilizarse en universidades hace varios años, y con óptimos resultados. Imaginen una clase de medicina, donde se propone un problema clínico que deben resolver los estudiantes por si mismos, o una clase de derecho donde se plantea un problema jurídico a los estudiantes, quienes trabajaran en equipo para plantear una solución.

Este método es una excelente experiencia de aprendizaje también en la escuela. Se fundamenta pedagógicamente en un “Aprendizaje Cooperativo” (recordemos el constructivismo sociocultural de Vigotsky). Además se puede aplicar a todas las áreas del currículo. Eso dependerá claro de la habilidad del profesor para organizar un ABP y por supuesto la motivación permanente que promueva entre sus estudiantes.

A continuación les presento un magnífico ejemplo de ABP. Se trata de una clase de historia peruana, que aborda la etapa colonial. Fue elaborado por la profesora Miriam Salas, de la Pontificia Universidad Católica del Perú, y figura en el libro: ABP, Experiencias y Resultados. Tres años de aprendizaje basado en problema en la Pontificia Universidad Católica del Perú (2007).

Ejemplo de ABP en historia:

Titulo del problema: Historia Revisitada

Escenario: un grupo de cuatro alumnos se trasladara al pasado colonial y elaborara un diario, informe al Rey, crónica, visita, bandos, periódico, revista, etc. Sobre un tema escogido libremente relativo a la sociedad colonial.

Etapas:

1. Planteamiento del tema e hipótesis de trabajo.
2. Indagación sobre la bibliografía útil para la elaboración del trabajo.
3. Elaboración del esquema del documento, libro o revista. El mismo debe incluir: a) tema; b) hipótesis; c) tipo de publicación (formato); d) selección del personaje o personajes que escribieron el texto; e) posición de los autores; f) lugar y fecha de publicación o de redacción; g) sub-temas a investigar y desarrollar; h) designación de responsables por cada sub tema; i) bibliografía a consultar para investigar el tema como para apreciar el formato como redacción de los documentos que se deseen recrear; j) división de responsabilidades (son compartidas, pero para lograr el éxito estas exigen que un integrante tenga la responsabilidad en forma específica) director, diagramador, impresor y corrector.
4. Investigación
5. Redacción
6. Diagramación
7. Impresión
8. Presentación puntual en fecha señalada
9. Exposición oral
10. Examen sobre el tema investigado